Desearía entenderme a mí misma. Entender por qué me hierve la sangre cada vez que él no llama o cada vez que algo en mi vida sale mal. Es normal que haya cosas que molesten, que duelan, que jodan. Pero no es normal éste sentimiento. Creo que tiene que ver con esto: ¿Alguna vez habéis vuelto a ver una pelicula que ya habíais visto mil veces sólo por el hecho de que sabéis cómo va a terminar? Seguramente muchos de vosotros jamás. Bueno, pues yo lo hago habitualmente, veo películas que ya he visto y leo libros que ya he leído. Sé que es porque quiero conocer el final. Un final ya planeado es muy posiblemente menos emocionante pero también es más seguro que uno lleno de incógnitas. Las personas como yo, cuando ven que los planes que tenían se tuercen se bloquean. Tienen muchas opciones, como todos los seres humanos. El problema que me atribuyo es el de huir. La escapada por la puerta trasera, por la ventana más pequeña, el hacer como si nada hubiera ocurrido.
Hay veces, sin embargo, que llega algo a tu vida que no sabes por qué no puedes dejar escapar. Y ves que tus planes se desmoronan, y ves que te bloqueas, cambias tus planes de toda una vida, o los más recientes y; por muy mal que vaya todo te sientes incapaz de huir y de dejarlo todo atrás. Te embarcas en lo que más miedo te daba, un final no escrito, un final abierto.
LC.



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